Sierra del Montsec – La Vida: Nacimiento y Niñez

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NACIMIENTO Y NIÑEZ
Llegado el momento del parto se rezaba a San Ramón Nonato, poniendo velas ante su estampa. Si la cosa iba mal se usaban cintas de la Virgen y reliquias de San Ramón, al tiempo que se preparaba el caldo de gallina reconstituyente. Asistían el parto mujeres con experiencia o comadronas, si las había. Cierta fama, para casos difíciles, adquirió en este siglo el practicante de Catserras.
Las campanas anunciaban el evento y, a la semana, se celebraba el bautizo del niño al que se vestía con un faldón blanco. Los padrinos, casi siempre parientes cercanos, lanzaban a la salida de la iglesia peladillas, nueces y almendras. Celebrándose una comida familiar. Los nombres impuestos eran el de los abuelos, padres o santo relacionado con el pueblo (patrono, Virgen cercana, etc.). Los preferidos en El Montsec fueron José, Antonio y María.
Las parias, placenta y cordón umbilical, se enterraban porque si se las comía algún animal desgraciaría el desarrollo del niño. Si el crío era varón se guardaba un trozo de estas parias, para cuando lo sortearan de mozo, llevándolo encima conseguiría un buen destino.
Para que la leche materna no fallara y fuera abundante, hacían comer a la parturienta el consabido caldo, o una tripa de cordero sin pelar
El destete se hacia a partir de los dieciocho meses, muchas veces porque no había otra posibilidad de alimentación para el niño y, otras, porque era el único método anticonceptivo conocido, si se daba de tetar dos años se podían ahorrar hasta dos criaturas. El apartar al niño de la teta se hacía paulatinamente, dejándolo con familiares de vez en cuando, o bien aplicando sustancias repulsivas en el pezón: miel con sal, hollín con aceite, máscara con panella de sartén, hierbas amargas (amargons) y, también, engañarlo con mostillo para alejarlo del pezón.
Si la madre no tenía leche, se intentaba paliar con sopas de leche y pan mascado.
Las madres no asistían al bautizo, ni debían salir de casa hasta que no pasaban los cuarenta días preceptivos. Entonces iba a la iglesia con el niño y una vela, en la puerta o plaza le esperaba el cura que le daba la bendición. Luego se hacía misa y, en algún caso , la madre pagaba, aparte de la misa, una comida a la comadrona que le acompañaba en este ritual de purificación.
Los niños que hubieran nacido en Nochebuena tenían un don que pronto se les manifestaba, en forma de cruz, en el paladar.
Al mes se cortaban las uñas, si podía ser junto a un rosal o por una persona que supiera cantar bien, en ambos casos se transmitía al niño una predisposición por este arte.
La dentición era otro apartado importante, pues de él dependía en buena medida, el desarrollo ulterior. Para favorecerla se ponía en el cuello del niño una bolsita, conteniendo una cabeza de serpiente blanca. También se les daba agua de juncos de vena blanca, que les sacaba la baba. Cuando se caían los dientes de leche se ponían debajo de la almohada para obtener un pequeño regalo, la finalidad era recoger el diente y quemarlo para evitar que se lo comiera un animal, si esto sucedía, se creía que la dentición definitiva seria semejante a la del animal que había ingerido el diente.
Cuando llegaba la hora de calzar al niño, se hacía en la iglesia y, si se podía, ante el tenebrario de Semana Santa así no se caían tanto cuando empezaban a andar.
En hace muchos años, plantaban un árbol al tener un hijo, pensaban que el crecimiento de ambos seria parejo. Para asustar a los niños y evitar que fueran demasiado traviesos se les hacia miedo con el Papu, especie de coco, con Patetas Royas o Diablo y el hombre del saco. Para dormirlos había canciones de cuna o nanas, la más extendida es la primera, las otras dos proceden de.
Este niño tiene sueño,
yo no te puedo dormir,
que te duerma San Antonio
y el glorioso San Joaquín.
Que le darem al fillet de la mare,
que le darem que li sabrá bo.
Panses i figues, anous i olives,
panses i figues, mel i mató
Fes nones fill meu,
fes nones rey meu,
qui ets un angelet
que m’enviat Deu.
Li beso a la cara,
li beso a la fron.
Besos de la mare
les mes grans del mon.
I vetllan el somni d’amor,
ella canta contenta i jojosa:
El meu fil é un rei, un tresor.
Tot cantan-li amorosa.
Perdonam fill meu,
perdonam rei meu.
Pero t’hai de dir
que no vaigus pel mal camí.
El nen s’ha fet gran,
la mare pllorant li diu cada dia:
No sortis de nit,
treballa al burgit,
treballa de dia.
Manuel Benito Moliner

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