Santuario de Torreciudad, Viernes, 5, 12, 19 y 26 de agosto, 2016

Posted on Posted in XX Festival de La Ribagorza, Clásicos en la Frontera.
Se dice que cuentan que de los cinco sentidos el más humano y profundo es el del corazón.
Había una niña que no pudo ir de excursión con sus amigas porque era ciega. Era una niña muy dulce y siempre sonreía.

Fue su papá, que adoraba a su hija y que siempre repetía que todo el amor lo había aprendido de esos ojitos apagados, quien un día la llevó a ese santuario de la Virgen de los Ángeles, la Virgen de la Humildad, y pidió permiso para que la niña pudiera tocar a esa tosca y primitiva figura de la madre con su niño.

Todos sabemos que la mirada verdadera, la más pura, es la del alma que reside en cada uno. La pequeña niña con nombre de flor ese día estaba radiante de contenta. Se acercó “se puso de puntillas, puso las manos sobre el rostro de la Virgen y con una alegre sorpresa, exclamó: ¡Pero si la Virgen está sonriendo! “

Unos dijeron que era un milagro, otros que ya de antes la Virgen parecía sonreir. No importa, de la mano se fueron el papá y la niña, así como os veo ahora sonreir con lo que os cuento.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *