Iglesia Parroquial de Lascuarre, domingo 14 de agosto, 2016

Posted on Posted in XX Festival de La Ribagorza, Clásicos en la Frontera.

Harmonia del Parnàs

 

240 personas abarrotaron la iglesia de Lascuarre para escuchar al trío de traverso, violonchelo y clave.
Harmonía del Parnàs ofreció una panorámica de la música instrumental centrada en la sonata y la trío sonata europea. El repertorio abarcó los periodos barrocos y preclásicos, con obras de Vivaldi y Quantz, hasta la gran sonata  “Hamburguer” de Bach, donde se muestra claramente las características del estilo galante con rasgos del cercano estilo clásico. Del maestro italiano Bononcini se interpretó una de sus más bellas sonatas para violonchelo sonata en La Menor, del compositor Chédeville una serie de sonatas de “II pastor Fido”, tradicionalmente atribuida a Vivaldi. Y se cerro el programa con un trío de sonatas del francés Barriere de una gran belleza artística.
Sara Badel. Dirección técnica del Festival
(más fotos del concierto al final del reportaje)

 

 

Texto: Carlos Bravo
” Lascuarre se sitúa cerca del río Isábena, a dos kilómetros de la carretera A-1605, que lleva desde Graus a Bonansa en dirección al Valle de Arán, en una pequeña elevación entre los barrancos de la Pila y la Badía.

 

 

Sobre el año 1580 la ermita de la Piedad se convirtió en el emplazamiento del convento de losTrinitarios Calzados, orden religiosa cuyo principal objetivo era ejercer la caridad con los enfermos y redimir cautivos cristianos caídos en manos de los musulmanes, previo pago de un rescate a cambio del reo.  La Orden de los Trinitarios era el equivalente  a la primera versión de la Cruz Rojamoderna en tiempos de la Baja Edad Media.
Estos monjes estuvieron Lascuarre hasta la desamortización de Mendizábal (1837) que desposeyó a la iglesia de gran parte de sus posesiones, que pasaron a dominio estatal.
Se trata de un  templo de nave única de planta rectangular que se divide en dos zonas. Una que se corresponde con la iglesia propiamente dicha y otra que era la zona doméstica de los monjes Trinitarios. La zona reservada a la iglesia es proporcionalmente tres veces mayor al área de habitación de los monjes. Conserva el ábside pentagonal y disponía de cuatro capillas dispuestas longitudinalmente a ambos lados de su única nave. En el ábside, los nervios de su antigua crucería, apeaban sobre capiteles que representaban los tetramorfos, queda uno, Lucas.
Tradicionalmente se suele representar a los cuatro evangelistas mediante símbolos.
El ángel (un hombre con alas): Mateo.
El león: Marcos.
El buey: Lucas.
El águila: Juan.
La ermita actual está en ruinas pero se conserva el porche con arco de medio punto y parte de las capillas. La entrada al templo se halla en la base de éste sólido edificio en forma de torreón. Este torreón  albergaba las dependencias del convento.
Estuvo en uso hasta finales del siglo XX
En la actualidad no tiene ninguna indicación haciendo referencia a la misma y el estado de abandono es total. Se puede observar en la fotografía una enorme grieta en medio de uno de los arcos que todavía conserva, que nos tememos dure poco tiempo en pie.
Se encuentra en el camino de la Torre de los Moros, recientemente restaurada.

Texto: http://www.rutasconhistoria.es/loc/ermita-de-la-piedad-lascuarre

 

 

Texto: Carlos Bravo
El pueblo -con el título de villa- mantiene ayuntamiento propio e integra en su municipio las aldeas de Sagarras Altas y Salanova y los caseríos del Mas de Tamarit, La Mora de Mariñós, las casas de La Mellera y la casa Cabet. Según Menéndez Pidal, el topónimo Lascuarre procede de los términos vascos “lats” (“arroyo” o “barranco”) y “gorri” (“rojo”), significando, por tanto, “el arroyo o el barranco rojo”. En las crónicas árabes es citada como Al-Askor, y en algunas crónicas cristianas como Alascorre. En el habla local -ribargorzano de transición al catalán- se denomina Lasquarri.

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En la época de la dominación musulmana su interés estratégico fue grande, y su castillo, con los de Castigaleu y Laguarres, constituía la primera línea defensiva frente a las avanzadillas cristianas de Roda, Güel y Fantova. Parece que Sancho el Mayor prometió donar la villa a San Sadurní de Tavérnoles, cerca de La Seo de Urgel, si conseguía conquistarla. Quizás así sucedió, pero parece más probable que fuera Ramiro I quien la añadiera a sus dominios y la donara al monasterio urgelense.

 

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Arnau Mir de Tost, señor de Áger y figura clave en los avances cristianos en la zona, fue tenente de su castillo, según consta en su testamento redactado en 1071. Jaime II incorporó la villa a la Baronía de Castro, convirtiéndose más tarde en la cabecera de la Señoría de los cuatro castillos que figuran en su escudo: Lascuarre, Laguarres, Luzás y Juséu. Aunque hay restos de otro castillo en lo alto de la sierra de La Mellera, el de Lascuarre -quizás construido en el siglo VIII- estaría, muy probablemente, en la parte alta del pueblo, donde hoy se levanta su majestuosa iglesia parroquial. Debajo de la misma encontramos pasadizos, estancias abovedadas y restos de aljibes que posiblemente pertenecieron a la antigua fortaleza.

 

La citada iglesia parroquial, llamada de Santa María la Mayor, preside el pueblo en la actualidad.
Se trata de una obra de una sola nave que se corona con cabecera pentagonal litúrgicamente orientada con ampliaciones de sacristía, junto al presbiterio. Campanario alojado en el ángulo noroccidental y pequeño pórtico de acogida junto a la misma cubriendo la fachada de poniente.
Salvo parte del muro norte y bases del edificio, que son de naturaleza románica, el resto se alza con sillería bien ajustada con fina argamasa. Corona el conjunto de los paramentos la clásica galería aragonesa de vanos de medio punto bajo alero voladizo hecho con esquinas de ladrillo caravista. Esas esquinas del edificio, vienen reforzadas por contrafuertes.
La torre de las campanas se levanta sobre planta similar a otras de los pueblos de la baronía de Castro. Consta de un cuerpo de planta rectangular y otros dos octogonales. Uno con garitones sobre los ángulos y la escalera helicoidal que se prolonga jasta el chapitel de cubierta y otro en el que se abren los ojos de campana de medio punto.

 

 

La portada es un pequeño pórtico abierto en gran arcada de medio punto y bovedilla estrellada. Está flanqueada por dobles columnas estriadas sobre plintos cuadrados. Se corona con capiteles corintios que sustentan un frontón triangular que se remata con relieves de jarrones. Una hornacina está centrada en la puerta, pero se encuentra vacía. Otras dos hornacinas del mismo estilo con efigies de San Pedro y Santiago se alojan entre las columnas laterales.
En el interior la nave consta de cuatro tramos más presbiterio a los que corresponden dobles capillas laterales. Cierran todos con bóveda estrellada y arquería ajustada con nervios que arrancan de ménsulas empotradas en los muros laterales. Las capillas se cubren con bóvedas de crucería.

 

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A juzgar por sus formas, las fechas de su construcción deben situarse hacia mediados del siglo XVI, en línea con otras vinculadas en la zona, con las que guarda afinidades técnicas. Por los rasgos podría tener algo de similitud con la Basílica de la Peña de Graus.
Del retablo barroco que presidía la iglesia pudo salvarse parte, tras la guerra. Se construyó en 1683 y lo formaban dos pisos divididos en tres calles y un ático. Contenía tablas pintadas con escenas de la Virgen. Hoy sólo queda la mazonería del piso superior, con columnas salomónicas, el ático con un medallón pintado con la imagen de San Martín y el escudo de la villa, y un precioso tabernáculo de forma pentagonal en cuyo interior figuran relieves polícromos con figuras de los apóstoles Pedro, Santiago, Juan, Andrés y Pablo. Los enmarques, perfiles y complementos son de típicos del barroco y todo él con dorado original. En algunas capillas se conservan partes del retablo.

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Además de la titular, Santa María de la Asunción, entre las capillas y espacios libres había dedicatorias a la Virgen del Pilar y del Rosario, o a los santos Bartolomé, Salvador, Pedro, Miguel o Margarita.

 

Muy cerca de la parroquial se encuentra la ermita románica de San Martín, de una sola nave con ábside a oriente, espadaña y dos puertas, la principal hacia poniente y otra más pequeña y más antigua abierta al cementerio. Esta ermita, del siglo XII, pudo haber sido en su origen la capilla del castillo del lugar. A la entrada del pueblo, a la izquierda, pueden verse los restos del antiguo convento de los trinitarios, del que sólo se conservan las ruinas de la antigua iglesia de la Piedad. Fundado en 1560, desapareció con la desamortización de Mendizábal en 1837.

 

 

Desde aquí parte una pista, con tablillas indicadoras, que conduce a la Torre de los Moros. Se trata de una torre de vigilancia, ubicada en una ladera y rodeada de un pequeño bosque de pinos jóvenes. Su origen y su basamento son probablemente medievales, pero la construcción actual más bien parece de los siglos XV o XVI. Es de planta rectangular, algo más ancha en su base y con contrafuertes en tres de sus caras. Del interior sólo queda el arranque de la escalera y un muro divisorio, aunque recientemente ha sido restaurada y se ha colocado una plataforma metálica que permite ascender hasta sus bordes para asomarse y contemplar desde lo alto una magnífica panorámica.

 

 

 

 

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